martes, 16 de diciembre de 2025

Así se siente ser primerizo.

Imagina que tu pareja y tú suben a una montaña rusa por primera vez. Ambos quisieron ir a ese parque juntos y eligieron dicha atracción. Al llegar al tren, se dan cuenta de que no hay personal de apoyo, no hay letreros ni señales de indicación, solo los espera ese solitario vagón con asientos de cuero frío, sin cinturones de seguridad ni manillas para afirmarse; ustedes se miran mutuamente con dudas, pero ya están ahí y una puerta yace cerrada tras ustedes, coartando sus posibilidades de bajar, así que solo les queda continuar.

Se sientan y se abrazan, luego cada uno se sostiene como puede de los bordes que logra encontrar y esperan impacientes a que el recorrido comience. El primer ascenso es tranquilo en lo físico, pero a los dos los invade una ola de ansiedad y miedo, la incertidumbre de no saber cómo serán esas subidas y bajadas los consume. Al llegar a la cima de la primera cresta ambos miran hacia abajo por los costados, luego hacia atrás y finalmente al frente. Todo se ve borroso, cubierto de nubes y lejano, mientras que el vagón donde van se detiene unos segundos. Suena una sirena aguda e irregular mientras sus estómagos son presionados fuertemente por el súbito cambio de reposo a movimiento y brazos logran apenas sostenerse de los bordes que habían elegido antes.

El recorrido es rápido, ruidoso y solo son capaces de ver las sombras y siluetas de lo que se mueve a su alrededor. Luego de unas cuantas subidas y bajadas, a tu pareja se le cansan los brazos y se suelta, está por caerse y tú solo atinas a apretar tu mano asegurada al borde con más fuerza mientras usas la otra para envolverla y evitar que salga volando por un costado. A veces logra recuperarse y vuelve a sostenerse ella sola, pero sus fuerzas se agotan más seguido y te obliga a reaccionar en cada ocasión.

Ambos saben que el recorrido será largo, pero ella no es capaz de mantenerse fuerte siempre, sus brazos flaquean y es tu responsabilidad ayudarla. Por ahora siguen seguros, pero en tu interior vas preguntándote si tus propios brazos lograrán aguantar el resto del camino.

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