Imagina que tu pareja y tú suben a una montaña rusa por primera vez. Ambos quisieron ir a ese parque juntos y eligieron dicha atracción. Al llegar al tren, se dan cuenta de que no hay personal de apoyo, no hay letreros ni señales de indicación, solo los espera ese solitario vagón con asientos de cuero frío, sin cinturones de seguridad ni manillas para afirmarse; ustedes se miran mutuamente con dudas, pero ya están ahí y una puerta yace cerrada tras ustedes, coartando sus posibilidades de bajar, así que solo les queda continuar.
Se sientan y se abrazan, luego cada uno se sostiene como
puede de los bordes que logra encontrar y esperan impacientes a que el
recorrido comience. El primer ascenso es tranquilo en lo físico, pero a los dos
los invade una ola de ansiedad y miedo, la incertidumbre de no saber cómo serán
esas subidas y bajadas los consume. Al llegar a la cima de la primera cresta
ambos miran hacia abajo por los costados, luego hacia atrás y finalmente al
frente. Todo se ve borroso, cubierto de nubes y lejano, mientras que el vagón donde
van se detiene unos segundos. Suena una sirena aguda e irregular mientras sus
estómagos son presionados fuertemente por el súbito cambio de reposo a
movimiento y brazos logran apenas sostenerse de los bordes que habían elegido
antes.
El recorrido es rápido, ruidoso y solo son capaces de ver las
sombras y siluetas de lo que se mueve a su alrededor. Luego de unas cuantas
subidas y bajadas, a tu pareja se le cansan los brazos y se suelta, está por
caerse y tú solo atinas a apretar tu mano asegurada al borde con más fuerza
mientras usas la otra para envolverla y evitar que salga volando por un
costado. A veces logra recuperarse y vuelve a sostenerse ella sola, pero sus
fuerzas se agotan más seguido y te obliga a reaccionar en cada ocasión.
Ambos saben que el recorrido será largo, pero ella no es
capaz de mantenerse fuerte siempre, sus brazos flaquean y es tu responsabilidad
ayudarla. Por ahora siguen seguros, pero en tu interior vas preguntándote si tus
propios brazos lograrán aguantar el resto del camino.